48 - El cerebro no se desarrolla por completo hasta el final de la
adolescencia, en ocasiones hasta más allá de los veinte años

El cuerpo no se
desarrolla por completo hasta después de la adolescencia, entre
los diez y siete y los veintitantos años; igual el cerebro, que
está en construcción hasta el final de la adolescencia, aunque en
esta etapa las neuronas y conexiones nerviosas no crecen, sino que
se van 'podando' hasta que se alcanza el raciocinio propio de la
edad adulta. Al final de la infancia el cerebro experimenta un
aumento 'desmesurado' de neuronas y de conexiones nerviosas, que
después se van reduciendo durante la adolescencia.
Esta 'poda' neuronal, que culmina con el tránsito de la
adolescencia a la edad adulta, se produce primero en la zona
posterior del cerebro y por último en la corteza frontal, que
es la que controla el razonamiento, la toma de decisiones y el
control emocional. Este hallazgo, que desmiente la tesis
vigente hasta ahora, que sostenía que el cerebro maduraba por
completo entre los 8 y los 12 años, explicaría además por qué
muchos adolescentes no empiezan a razonar y a comportarse como
adultos hasta una edad tan avanzada, que puede alargarse más allá
de los veinte años.
Se ha detectado que esto
ocurre antes en las chicas que en los chicos, y que en los jóvenes
más inteligentes se produce a edades más tempranas; de lo que no
puede deducirse que un sexo sea más inteligente que el otro,
aunque sí se ha demostrado que existen muchas diferencias en los
cerebros de hombres y mujeres, tanto en cuanto a su tamaño, como
en las conexiones y las sustancias químicas que contienen. La
forma de pensar y de procesar la información de hembras y varones
es diferente, aunque al final el resultado es el mismo. Se sabe
también que las mujeres son más sensibles a lo emocional y a la
amenaza, así como más asustadizas y capaces de comprender las
desgracias ajenas, lo que les hace ser más propensas a sufrir
enfermedades de base emocional, como la ansiedad o la depresión.
Siempre se ha dicho, por otra parte, que los hombres
son más hábiles en los números y más proclives a las adicciones,
si bien estas características parecen responder más a la presión
del entorno social que a diferencias cerebrales entre ambos sexos,
como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las mujeres que
acceden a carreras científicas y que fuman o beben.