47 - ¿Legalizamos la prostitución y la esclavitud?

Fuertes grupos
de opinión pretenden legalizar la prostitución en España, pero
aquí la prostitución ya es legal, lo que es ilegal es el
proxenetismo, que en la práctica ya está "permitido" pues a nadie
parece importarle lo que sucede tras las paredes cubiertas de
luces de neón que todos tenemos cerca de casa, el país está
llenito de puticlubs. O en muchas calles de nuestras ciudades, con
la sola protesta de los comerciantes cercanos que no quieren que
tenga que observar el lumpen su distinguida clientela (Perdón por
la palabra; lumpen: capa
social más baja y sin conciencia de clase).
He de reconocer que yo también era partidario de la
legalización de la prostitución, pero era una opinión tomada sin
profunda reflexión y estudio. Hoy sólo la defendería en una
hipotética sociedad de iguales, en la que cada uno pudiese tomar
libremente la decisión que quisiese; pero no en nuestra sociedad,
en la que el poder económico o social puedo forzar a muchos
desfavorecidos a pasar por la degradación de prostituirse como
única opción.
Porque la lista de quienes se benefician de la
explotación sexual de mujeres y chaperos es larga. Desde sus
propias familias en muchos de sus países de origen en el tercer
mundo, pasando por los intermediarios que las trasportan como
ganado y trafican con ellas hasta llegar a los proxenetas o chulos
al por mayor o menor, clientes, y otros personajes que rondan los
ambientes de prostitución y que aprovechan la situación.
La esclavitud sexual de estas mujeres genera ganancias
más que suficientes para sustentar a todo un grupo variopinto de
explotadores, como el proxeneta o chulo: Muchas, al menos en un
principio, consideran a sus traficantes como sus salvadores: las
personas que les brindaron una alternativa a la pobreza y a la
falta de oportunidades en sus países de origen. Son mujeres
forzadas a prostituirse que están solas en un país ajeno, muchas
no conocen el idioma, no tienen a quien recurrir, temen a la
policía y no tienen documentos ni dinero; en esas circunstancias
necesitan a sus proxenetas para sobrevivir, y pueden llegar a
aferrarse emocionalmente a las mismas personas que las explotan.
En muchos casos es precisamente la pareja de la mujer quien se
convierte en su propio proxeneta.
El dueño del club o chulo al por mayor: Este individuo
conoce el producto que busca la clientela y escoge a las mujeres
de su club de acuerdo a esa demanda. Valora a las mujeres desde el
punto de vista de la rentabilidad: para él son una especie de
"posesión temporal", mano de obra extranjera, y sus intereses
económicos priman sobre el bienestar de las trabajadoras sexuales,
pero a pesar de su perspectiva eminentemente económica, no es
infrecuente que mantenga relaciones sexuales bajo coacción con las
mujeres prostituidas de su local. A veces para "probarlas" y
darles el visto bueno antes de su ingreso. Estos empresarios no
consideran su negocio como una forma de explotación sexual, sino
como una empresa cualquiera en la que hay un intercambio comercial
de la mujer con el cliente, una transacción que a sus ojos es
justa y libre de presiones. Los dueños de los clubes suelen seguir
la filosofía de que "el cliente siempre tiene la razón", y cuando
no todo se arregla con dinero; esto deja a la mujer prostituida en
una situación de debilidad a la hora de negociar los servicios con
los clientes, que a menudo piden prácticas sexuales de riesgo o
exigen el consumo de drogas. El discurso de los dueños de los
clubes suele estar plagado de argumentos "racistas y machistas": a
menudo sugieren, por ejemplo, una supuesta "predisposición
natural" de las mujeres inmigrantes hacia el sexo, por
contraposición a la mujer local. Asumen que la elección de ejercer
la prostitución es fruto de una decisión bien informada y
totalmente voluntaria. "A la mujer latina no le resulta nada duro,
el sexo para esa gente es un deporte", dice el dueño de un club.
Los dueños de los clubes tampoco suelen concebir la posibilidad de
una agresión sexual o violación dentro de las paredes de sus
locales. Este negocio de hombres para hombres es altamente
lucrativo, mueve increíbles cantidades de dinero negro y muchos
dueños regentan más de un club de prostitución. Los propietarios
de burdeles con frecuencia ponen sus negocios a nombre de
sociedades anónimas o utilizan testaferros para evitar eventuales
problemas legales, relacionados por ejemplo con la trata de
personas o con la explotación de inmigrantes ilegales. Suelen ser
empresarios conocidos a nivel local, con influencias comerciales y
contactos que muchas veces les advierten de una inminente redada
policial. Muchos están relacionados también con actividades de
blanqueo de dinero.
Los clientes suelen ser habituales, estables en cada
escenario de prostitución. "Hay clientes que me acompañan desde
hace 20 años. No he perdido nunca a un cliente", proclama
orgulloso el dueño de un club. En general a los clientes les
importa poco la historia humana que hay detrás de los cuerpos que
alquilan. Lo que quieren es sexo rápido y sin complicaciones. La
mayoría son casados aunque en gran número suelen pedir relaciones
sexuales sin preservativo.
Fabiola salió de Brasil a los 24 años. Al llegar a
España, el dueño del club que pagó su viaje le quitó el pasaporte
y la mantuvo encerrada en su prostíbulo durante meses, mientras
ella iba saldando su deuda. Fabiola enviaba parte del dinero que
ganaba a su madre y al hijo que dejó en Brasil. (Muchas veces la
presión familiar mantiene a las mujeres en el círculo de la
prostitución del que quisieran salir pero tienen la presión de su
familia que reclama dinero para pagar las cuotas de la casa, del
equipo de sonido... Y cuando la hija empieza a enviar dinero
regularmente, entonces cada vez hay mayores necesidades". Casi
todo lo que ganan va a parar al pago de la deuda y el envío de
remesas para mantener una familia degrada a la que ya nada importa
con tal de recibir dinero).
Eva salió de Rusia. Eva y Fabiola tienen la misma edad.
Aunque nacieron en países tan distintos han seguido en España
caminos paralelos hasta acabar en el mismo lugar: forzadas a
ejercer la prostitución. Eran jóvenes y vulnerables. Dejaron sus
países con la ilusión de un trabajo y una vida mejor, pero su
ignorancia las marcará para siempre. El dinero que generaban se lo
llevaban sus proxenetas y durante un tiempo vivieron amenazadas y
encerradas en prostíbulos. Son mujeres sin identidad, víctimas de
la trata internacional con fines de explotación sexual. La mayoría
de nosotros no nos paramos a imaginar las condiciones reales por
las que han tenido que pasar. Son personas, personas como
nosotros, y sin embargo, ignoradas por la sociedad, viven en una
especie de ilegalidad consentida, forzadas a la servidumbre
sexual. No importan a nadie; son mujeres, pobres y extranjeras. No
son más que putas.
La fórmula perfecta para un negocio redondo: seres
humanos que no importan a nadie y que dan mucho dinero a muy bajo
riesgo. Los enormes beneficios que genera sitúan la trata de
personas en el tercer puesto dentro del escalafón global del
crimen. Es la "nueva exclavitud". Europa Occidental es uno de los
grandes destinos de ésta trata internacional. Según Naciones
Unidas, España está entre los 10 países de la región con una
incidencia más alta de este delito, pero el mismo tipo de
explotación sexual que hay en España se está dando también las 24
horas del día en los primeros países del mundo, como Estados
Unidos y Japón. Esta forma de esclavitud moderna afecta
virtualmente a todas las naciones del mundo, que se clasifican
como países de origen, tránsito o destino de las víctimas. Este
gran negocio global, controlado por las mafias del crimen
organizado, mueve unos US$10.000 millones al año. Los enormes
beneficios que genera sitúan a la trata de personas en el tercer
puesto dentro del escalafón global del crimen, después del tráfico
de drogas y de armas.