Siglo XVII, Renacimiento,
Barroco, de entre 1647 y 1651, del pintor Diego Velázquez, Óleo
sobre lienzo, Medidas 122 x 177 cm, propiedad en la actualidad
National Gallery de Londres.
Es uno de los pocos
desnudos de la pintura española, junto a La Maja Desnuda de Goya.
Es el único que se conoce de Velázquez, aunque parece que pintó
otros (el desnudo estaba prohibido en España pero el pintor,
protegido por el rey, se atreve a realizarlo). El simbolismo
explícito del cuadro se traduce en que Cupido, hijo de Venus, que
es el amor, sostiene un espejo, en el que queda reflejado el
rostro de la diosa de la belleza. La figura alada de Cupido
presenta los brazos delicadamente atados. Así, el amor es preso de
la belleza. Venus se autocomplace, con cierto desdén, en la
observación de su hermosura: Es la vanidad narcisista. El
espectador asume un papel ciertamente voyerista, compartiendo con
el ángel la visión del cuerpo femenino, mórbidamente recostado,
ofreciendo su dorso. Velázquez recrea el mito erótico, haciendo
visible el rostro en el espejo, implicando lúdicamente al
observador en la contemplación de su obra.
El cuadro ha perdido
parte de la perspectiva aérea tan característica de Velázquez,
debido a los avatares históricos sufridos y en parte también por
las malas restauraciones que se le han realizado. En 1914 la
sufragista inglesa Mary Richardson, le asestó siete puñaladas.
La pintura aparece
inventariada en el año 1651 entre los bienes de Gaspar Méndez de
Haro, sobrino del Conde Duque de Olivares. Estuvo desde 1688 a
1802 en poder de la Casa de Alba. La pintura fue incautada hasta
1806 por Manuel Godoy tras la muerte de la duquesa Cayetana de
Alba. De 1808 a 1813 estuvo en manos de un particular en
Inglaterra hasta que pasó a poder de George Yates, quien después
lo vendió a John Morrit. Después fue vendido a Agnew and Son para
ser adquirido en 1906 por 45.000 libras por la National Gallery.
Existen discusiones en torno a la fecha: unos piensan
que la hizo en 1648 y otros que fue en Italia, entre 1648-1650. Lo
que sí es cierto es que apareció en un inventario en 1651 como
propiedad del Marqués de Eliche, gran amante de la pintura de
Velázquez y de las mujeres, por lo que se piensa que puede
representar a su esposa o a una de sus amantes. Quizá por
despistar, el pintor coloca el rostro del espejo difuminado para
así reflejar el cuerpo desnudo de la dama que el marqués amaba.
El pintor utiliza una
pincelada suelta que produce la sensación de que entre las figuras
circula aire, el famoso aire velazqueño. En lugar de mostrar
fuertes contrastes de luz y sombra y elaborar con fidelidad
minuciosa la textura superficial de los objetos para crear una
ilusión de realidad, Velázquez llega aquí a pintar lo que el ojo
realmente percibe. Los colores se funden unos con otros, los
contornos no se destacan y los detalles son sugeridos pero no
descritos. El reflejo de la diosa no es real, pues el espejo no
puede recoger la cara de Venus desde esta posición. Una tira
añadida en la parte superior del lienzo nos indica que la
inclusión de Cupido con el espejo fue posterior a la primera
realización.
'La Venus del espejo' podrá ser contemplada por
los visitantes del museo de Prado a partir del próximo día 20 de
noviembre de 2007 en la exposición Las fábulas de Velázquez. La
muestra está incluida en el programa de actos de celebración de la
inauguración de la mayor ampliación de la historia del museo, y ha
sido organizada para conmemorar los 188 años de vida de la
pinacoteca. Fue exhibida por última vez en el Museo del Prado en
1990, con motivo de la antológica dedicada a Velázquez. La Venus
del Espejo y entrada gratis al Museo del Prado a partir del 31 de
octubre durante una semana. Estos son dos de los actos previstos
para celebrar la "esperada y necesaria" ampliación de la mayor
pinacoteca del mundo.