42 - Cada vez más aislados
en medio de la multitud

La familia tradicional,
aunque todavía es un modelo mayoritario, va perdiendo
representatividad. En ocho años las personas que viven solas han
aumentado un 70%. En la actualidad, dos millones cien mil
españoles, de los 43.106.664 censados, viven solos, según el
Instituto Nacional de Estadística. Cada vez más; son jóvenes que
eligen esa nueva opción y adultos que, por circunstancias de la
vida, se han separado o divorciado, pero sobre todo personas
mayores, que han perdido a la pareja con la que han compartido
todo en la vida.
No sólo aumentan los
hogares unifamiliares, también los de dos miembros, sobre todo
parejas que deciden no tener descendencia. En este caso, el
incremento en los ocho últimos años ha sido de un 32 por ciento,
pasando de 2,8 millones de hogares a 4,1 (más de ocho millones de
personas). La familia tradicional se ha quedado en una pareja con
uno o dos hijos.
Pero se estima que estas estadísticas no son fiables,
pues muchas personas cuando varía su estado civil no lo registran
inmediatamente en el DNI, ni en otros documentos, y podrían ser
casi ocho millones los españoles que viven en la soledad del hogar
por preferencia o por obligación.
Cada vez más solos. A medida que la población mundial
abandona sus raíces rurales y se urbaniza; en tanto que la familia
cambia y pierde peso en su papel de célula constitutiva de la
sociedad, el hombre se agiganta como individuo mientras mengua su
capacidad de relación social. La soledad se extiende como una
mancha de aceite sobre el género humano.
Sus causas y sus efectos
sobre la psique han sido estudiados exhaustivamente desde hace
siglos por psiquiatras y sociólogos. En las últimas décadas,
médicos y biólogos han profundizado sobre su reflejo en la salud,
casi siempre negativo. Aumenta el estrés, la tensión arterial, el
riesgo coronario, adormece el sistema inmunológico... Hasta ahora
se desconocía la causa.
Los genetistas han
hallado en los glóbulos blancos hasta 209 genes cuya transcripción
se expresa de manera distinta en los individuos solitarios y es un
hecho comprobado que la soledad baja la respuesta inmunológica. La
soledad crónica modifica la respuesta de los genes de forma que el
solitario queda más expuesto a infecciones e inflamaciones.
Se aventura que los
efectos de la soledad sobre la actividad del genoma no dependen
tanto del número de personas a las que se conoce como de la
calidad de las relaciones interpersonales, es decir, de la
sensación de aislamiento que experimenta el individuo. En
cualquier caso, la soledad deja una huella genética en el
organismo. La explicación que hasta ahora buscaba la medicina
sobre por qué las personas solitarias gozan de una salud más
precaria.