39 - Las mariposas casi no ven, pero seleccionan pareja

La clave de la reproducción de los
lepidópteros reside en sus ojos. Tanto la forma de `ligar´ como la
de seleccionar pareja están condicionadas por las peculiaridades
de su visión. La intrincada red de colectores que tienen en sus
ojos compuestos resulta prácticamente inútil a la hora de
localizar otros ejemplares a distancia. Su vista es muy limitada:
distinguen los colores y las formas si miran justo de frente, pero
a los lados toman una apariencia borrosa.
Algunos tienen un campo visual de 344 grados, en horizontal, y 360
en vertical. Ven casi todo lo que las rodea, pero borroso.
Su agudeza visual es unas cien veces menor que la nuestra, y no
aprecian bien ni la profundidad ni la distancia.
Rutowski, entomólogo y etólogo de la
Universidad de Arizona, ha estudiado el comportamiento de la
Asterocampa leilia. Sólo se empareja una vez en sus dos semanas de
vida, por lo que los machos van directos al grano: se dirigen
hacia los árboles elegidos por las hembras para completar su
metamorfosis y esperan al acecho desde el suelo. Allí mantienen la
cabeza en tal posición que sus ojos miran horizontalmente hacia
los árboles, para utilizar su área de mayor agudeza visual, y
esperan durante horas. El objetivo es llegar el primero cuando
aparezca una nueva mariposa virgen para desplegar sus alas e
iniciar el ritual de apareamiento. La hembra, por su parte,
utilizará su capacidad para ver la radiación ultravioleta para
determinar cuál es el macho más joven y vigoroso que le conviene.
Esas longitudes de onda les permiten distinguir sutiles
variaciones en las alas que delatan la edad y el estado de forma
de los machos, perciben
longitudes de onda que detectan la pérdida de escamas que causa el
envejecimiento. Con ello disminuye el reflejo ultravioleta de los
machos y, el interés de las hembras.