Conocimiento
Historia
Geografía
Filosofía
Medicina ...

¿Te parece interesante?, tmola?; tmola.com

Google

 
Lo que está pasando Conocimiento Lo que pasó


Más noticias interesantes

 

38 - Los templarios

     La Orden del Temple se  fundó en Jerusalén después de la primera cruzada, en 1118, por nueve caballeros franceses encabezados por Hugo de Payens. A instancia del pontífice Urbano II se había producido la Primera Cruzada, pero ya el pontífice Juan VIII, a finales del siglo IX, había declarado que aquellos que murieran en el campo de batalla luchando contra el infiel verían sus pecados perdonados, es más: se equipararían a los mártires por la fe. (¿No suena esto parecido a lo que creen hoy día en otra religión monoteísta?). Pero los que acudieron a la llamada del Papa no sólo lo hicieron por motivos religiosos; aunque se movían al grito de "Dios lo quiere", la búsqueda de riquezas era seguramente su principal motivación.

     La primera cruzada culminó con la conquista de Jerusalén en 1099. Algunos de los caballeros que participaron en la Cruzada decidieron quedarse a defender los Santos Lugares, y a los peregrinos cristianos que iban a ellos. Ésta fue, en principio, la misión confesada de los nueve caballeros fundadores de La Orden del Temple. El recién nombrado rey de Jerusalen, Balduino, concedió a estos caballeros un lugar donde reposar y mantener sus equipos, otorgándoles derechos y privilegios, entre los que se contaba un alojamiento en su propio palacio, que no era sino la Mezquita de Al-Aqsa, que se encontraba a la sazón incluida en lo que en su día había sido el recinto del Templo de Salomón, y cuando Balduino abandonó la mezquita y sus aledaños como palacio para fijar el Trono en la Torre de David, todas las instalaciones pasaron, de hecho, a los Templarios.

     Recibieron ayuda y apoyo de las cortes europeas y en el Concilio de Troyes (Francia), se redactó la regla de la Orden, basada en la de San Benito, y adoptaron el hábito blanco, al que se le añadió una cruz roja posteriormente; en 1128 la Orden obtuvo del Papa Honorio II la aprobación pontificia. Las reglas de la Orden evolucionaron y el Patriarca de Jerusalen, Esteban de Chartres, les otorgó la "Regla Latina" sobre el 1130. Los privilegios de la Orden fueron confirmados por las bulas Omne datum optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145). En ellas los Caballeros del Temple obtuvieron autonomía respecto a los Obispos, y quedaron sujetos tan sólo a la autoridad papal; se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica; se les permitía tener sus propios capellanes y sacerdotes, pertenecientes a la Orden; se les permitía recaudar bienes y dinero de variadas formas (por ejemplo, tenían derecho de óbolo –esto es, las limosnas– que se entregaban en todas las Iglesias, una vez al año). Además, estas bulas papales les dieron derechos sobre las conquistas en Tierra Santa, y les concedían el derecho de construir fortalezas e iglesias propias, lo que les dio gran independencia y poder.

     Hacia 1170, unos 50 años después de su fundación, los Caballeros de la Orden del Temple se extendían ya por tierras de lo que hoy es Francia, Alemania, el Reino Unido, España y Portugal. Esta expansión territorial contribuyó al incremento de su riqueza, ya que ofrecía la posibilidad a los comerciantes que estaban en Tierra Santa, de ingresar su dinero en una encomienda y con un documento de la orden, retirar el dinero en otra encomienda distinta y de este modo no arriesgarse a que les robasen; a cambio, la Orden se quedaba con una comisión. Cincuenta años más tarde, hacia 1220, eran la Organización más grande de Occidente, en todos los sentidos (desde el militar hasta el económico), con más de 9.000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30.000 caballeros y sargentos (más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etc.), más de 50 castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia (pues les salía más barato tener sus propios barcos que alquilarlos) anclada en puertos propios en el Mediterráneo y en La Rochelle (en la costa atlántica de Francia) y un Tesoro que les permitía hacer préstamos fantásticos a los Reyes europeos.

     En 1244 cae Jerusalén ante Saladino. Luis IX de Francia, (después conocido como San Luis), convoca y dirige la 7ª Cruzada que es derrotada en Mansura y en la que el propio rey es hecho prisionero. Fueron los templarios, tenidos en alta estima por sus enemigos, los que negociaron la paz y los que prestarían a Luis la fabulosa suma que componía el rescate que debía pagar por su persona. En 1291 cae San Juan de Acre, a donde se habían trasladado tras la pérdida de Jerusalen, con los últimos templarios luchando junto a su Maestre, lo que constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa, pero no el fin de la Orden, que mudó su Cuartel general a Chipre tras comprar la isla.

     Los templarios se habían convertido en los banqueros de Europa. Su poder económico se articulaba en torno a dos instituciones características: la Encomienda y la Banca. La Encomienda era un bien inmueble, territorial, que se formaba gracias a donaciones y compras posteriores y a cuya cabeza se encontraba un Preceptor. Así, a partir de un molino, (por ejemplo), los templarios compraban un bosque aledaño, luego unas tierras de labor, después adquirían los derechos sobre un pueblo, etc., y con todo ello formaban una Encomienda, a manera de un feudo clásico. Además los Templarios fueron los fundadores de la Banca moderna. Gracias a la confianza que inspiraban, muchas personas e instituciones les confiaban su dinero, desde los comerciantes hasta los propios reyes (de hecho, el Tesorero del Temple lo era también de Francia...). Debido a que tenían una extensa red de establecimientos pudieron poner en marcha la primera letra de cambio, dando así a los viajeros la oportunidad de no viajar con efectivo en unos momentos en que los caminos de Europa y del Oriente Próximo no eran seguros. Este sistema bancario y sus abundantes riquezas convirtieron a la orden en un gran prestamista, que aportaba los fondos incluso cuando los diversos reyes europeos necesitaban dinero: hay registrados préstamos a reyes de Francia y de Inglaterra, entre otros. Los templarios llegarían a ser una de las instituciones más ricas de su época, contando con vastas tierras y señoríos, numerosas ventajas comerciales, grandes tesoros, flotas comerciales que partían desde Marsella...

     La ambición del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, terminó con ellos. En 1314 el Gran Maestro Jacques de Molay fue quemado vivo tras un proceso en el que los principales jefes templarios fueron torturados, torturas salvajes contra los caballeros, que eran a la vez monjes y soldados, obligándoles a confesar los delitos más viles y precisamente los más contrarios a los ideales por los que se jugaban la vida: blasfemia, sacrilegio, sodomía y complicidad con los musulmanes, lo que permitió al rey hacerse con su inmenso patrimonio territorial, inmobiliario y bancario aprovechando la debilidad de un papa francés, Clemente V, que residía en Avignon y se doblegaba a las indicaciones de Felipe IV.

     Felipe IV el Hermoso presentó ante los tribunales de la Inquisición acusaciones tan falsas como escabrosamente detalladas que, como era de esperar, fueron consumidas ávidamente por la opinión publica y le permitieron no sólo consumar el despojo, sino presionar tanto a los tribunales como al Papa y a otros monarcas europeos que terminaron sumándose al saqueo de los despojos, con las honrosas excepciones de Escocia y de Portugal, donde los Templarios pasaron a llamarse "Orden de Cristo".

Más noticias interesantes

 
Lo que está pasando Conocimiento Lo que pasó

buscador:


   
 

webmaster: Luis Andrés

Monòver punto com
monover.com
Google
CCC