Tenemos entre 100.000 y 150.000 pelos sobre nuestras cabezas. Cada pelo
crece entre 1 y 1,5 cm al mes y rasurado completamente, tardará una media de dos años
en crecer hasta que podamos volver a lucir una cabellera a la altura del hombro.
Cada cabello “vive” entre 3 y 7 años. Afortunadamente su ciclo de vida es
individual y su sustitución por otro cabello “recién nacido” es progresiva. A lo
largo de nuestras vidas, renovaremos completamente nuestras cabelleras unas 25
veces. De modo que si conociste a alguien que “no tenía un pelo de tonto”, no
firmes porque continué así... de aquella melena juvenil que a tus 18 años
"flipaba" a tu primer amor, ya no queda ni rastro a los 25. Si sigues con él, o
con ella, no se lo digas. Puede que se lleve un disgusto al saberlo.
El pelo cambia con nosotros durante toda la vida, y no
sólo por la acción humana, (tintes, moldeadores, cortes...) sino de forma
natural. El tiempo, el clima, la contaminación, los productos que utilizamos,
los cambios hormonales... todo puede afectar a nuestro cabello y cambiar su
textura, aspecto, elasticidad, resistencia y color.
La quimioterapia puede modificar la estructura capilar
del ser humano. Esa es la razón por la que algunas pacientes oncológicas que han
pasado por este tipo de tratamiento, pueden notar, en algunos casos, un cambio
en la textura y estructura de su pelo. Generalmente crece más fuerte y con otro
tacto, a veces un pelo liso deja de serlo.
En circunstancias normales, según la densidad capilar
de cada uno, podemos perder hasta 100 cabellos al día. En épocas concretas (por
carencias alimentarias, durante el embarazo...) esa pérdida puede ser mayor.
Cuando el cabello cae en exceso y no se renueva, se producen los problemas de
alopecia, más frecuentes en hombres que en mujeres pero que también afectan a
éstas. Sin llegar a ese extremo, con la edad, la mayoría de las mujeres pierden
densidad capilar. El pelo se vuelve más fino y débil y cortarlo no lo sanea ni
hace que crezca más fuerte. Sin embargo, un pelo corto sí resistirá mejor las
agresiones exteriores, por lo que muchas veces se recomienda cuando hay
problemas capilares.
¿Qué tipo de pelo tienes? Tradicionalmente dividimos el
pelo en tres categorías, normal, seco y graso. Tu cabello es normal si es suave
al tocarlo y coge forma con facilidad cuando lo peinas. Tiene un aspecto sano y
no ha sufrido agresiones químicas (coloraciones, decoloraciones, modeladores...)
ni naturales (sol, cloro, sal del mar...). Para estar esplendido necesitas un
champú suave de tipo "neutro". Si tienes la suerte de tener este tipo de pelo,
cuantos menos productos químicos le eches, mejor. Puedes lavarlo a diario aunque
seguramente no es necesario dada la calidad de tu cabellera.
Tu cabello es graso si se ve brillante y como
humedecido. Para los casos en que no es tan obvio, haz la prueba de pasar los
dedos por un mechón de tu cabello pasadas 24 horas después de un lavado con
champú. Si el pelo queda apelmazado, brillante o como aceitoso, es graso. No es
el cabello el culpable de esta situación, sino el cuero cabelludo, cuyas
glándulas sebáceas se desarreglan, y producen esa grasa que afecta al cabello,
que al fin y al cabo está conformado por células muertas. Entre las causas que
pueden producir este tipo de problema están la pubertad, la utilización de un
secador del pelo demasiado caliente o demasiado frecuentemente, un lavado
demasiado enérgico del cuero cabelludo con champú, problemas de salud,
(enfermedades, medicamentos, estrés)... Para estar esplendido debes adquirir un
champú específico que te ayude a regular las glándulas sebáceas. Sería lo ideal
que no te lavases el pelo más de 2 ó 3 veces por semana. Existen también
productos que complementan la acción de los champús antigrasa, como las
lociones, que, aplicadas con un ligero masaje de presiones, pero sin frotar el
cuero cabelludo, pueden ayudar. La henna neutra también se ha revelado como un
producto capaz de parar la excesiva secreción de grasa .
Tu cabello es seco si se enreda fácilmente, se encrespa, tiene las puntas
abiertas y es áspero. Normalmente una persona con la piel seca suele tener el
cuello cabelludo seco, aunque no necesariamente una cosa va unida a la otra. La
sequedad extrema hace que el cuero cabelludo pique, esté irritado o enrojecido y
se forme caspa o descamación Esta situación en nuestra cabeza puede ser de tipo
genético, debida al estrés o por el uso de productos no adecuados. Para estar
esplendido, cepilla tu cabello cada noche y ejerce presión con las yemas de los
dedos sobre el cuero cabelludo para activar la circulación. El champú, por
hidratante que sea, no es suficiente para tu pelo. Debes complementar con
mascarillas y/o productos nutritivos que antes o después del champú enriquezcan
la fibra capilar con liposomas, aceites vegetales y vitamina E .
Y el
cabello afro o de tipo africano o negroide como el de las personas de origen
africano, afroamericano y afrocaribeño, principalmente. El cabello está
compuesto de una proteína llamada keratina, y cada pelo está compuesto de tres
capas: la parte superior llamada cutícula, el cortex, y la capa que produce el
pigmento y la médula. El folículo piloso del
cabello afro es curvo y el pelo crece en espiral. Esta curvatura
contribuye a que el pelo afro tienda a ser rizado en lugar de liso.
Menos fibras elásticas anclan los
folículos del pelo a la dermis del cabello afro. De ahí que se tenga más
tendencia a que el pelo se caiga y a su posible pérdida. Además, un mayor número
de melanina en el pelo también puede producir radicales libres que pueden causar
daños al pelo y pérdidas del cabello. Cuando se mira un cabello en el
microscopio, la sección del pelo afro es plana, con forma elíptica, mientras que
la del pelo liso es ovalada y con mayor diámetro. La forma del cabello afro hace
que se tenga tendencia a formar pequeños nudos. El pelo tiene así mayor
tendencia a romperse, es menos resistente y hay que peinarlo suavemente, sin
estirar con fuerza. El cabello afro tiene un número menor de capas de la
cutícula (la parte más externa), en torno a 6-8 capas de media frente a las 12
capas del cabello de tipo caucásico. Las glándulas sebáceas situadas en la base
del cuero cabelludo son más pequeñas, aunque producen grasa o sebo. Sin embargo,
esa grasa se distribuye de forma heterogénea por la fibra capilar puesto que le
cuesta llegar desde el cuero cabelludo y desplazarse por los folículos tan
curvos. De ahí que el pelo tenga tendencia a estar seco, áspero y no refleje tan
bien la luz. El cabello negro contiene menos agua que el cabello blanco. Como el
agua proporciona manejabilidad y resistencia al cabello, este pelo sufre más la
rotura.
El cabello afro crece a un menor ritmo que el cabello caucásico (0,25 mm al día
frente a 0,39 mm), y también hay menor densidad de cabellos en el cuero
cabelludo.
Una gran parte de las mujeres con
cabello afro (entre el 75-80%) se alisan el cabello con productos químicos. Los
químicos utilizados como el sodio, litio, hidróxido de guanidina... alisan
el cabello, pero también lo pueden hacer más frágil y con mayor tendencia a la
sequedad y rotura. Es fundamental proteger el cuero cabelludo con vaselina o
algún producto similar, antes de aplicar deslizantes o relajante para evitar que
se queme y, eventualmente, no crezca más el pelo en esas zonas. Nunca hay que
aplicar el relajante en el cuero cabelludo, ni siquiera cerca: hay que ser muy
cuidadoso.
Existen dos tipos de desrizantes:
1. Con alto contenido de hidróxido de sodio: son cremas
espesas con un alto contenido ácido. Se trata de productos tan fuertes que
podrían incluso romper el cabello si se dejan demasiado tiempo. Sólo hay que
dejarlo de 6 a 16 minutos. Inmediatamente después hay que aplicar un champú
neutralizante para reestablecer el pH del cabello.
2. Aquellos relajantes con hidróxido de guanidina
formados con calcio, los que se denominan “no lie” (sin lejía). Como tienen que
aplicarse por más tiempo, pueden hacer más daño al cuero cabelludo y al propio
cabello, por lo que no se aconsejan.
También hay otros productos llamados texturizers o
texturizantes cuyo objetivo es cambiar la textura del pelo y que el pelo sea
ondulado o con rizos más grandes. Estos productos contienen menor cantidad de
químicos, pero los mismos principios activos que los desrizantes.
En el caso de utilizar productos
deslizantes o texturizantes es importante no aplicar retoques del producto
demasiado a menudo (se recomienda en torno a 5 veces al año) y siempre por
estilistas que dominen la técnica y las particularidades del cabello afro.
ALOPECIA. La alopecia es lo que comúnmente llamamos "calvicie" o falta de pelo
como consecuencia de una excesiva caída. Puede tratarse de un problema de
alopecia por el que el pelo "se enrarezca" (se haga más escaso) o de un proceso
más grave por el que lleguemos a perderlo del todo. En las mujeres, es menos
frecuente que en los hombres, pero nadie está libre de sufrir este problema y en
distintas etapas de nuestras vidas, por cambios hormonales, estrés,
enfermedades... podemos perder más cabello del normal y sufrir como consecuencia
un problema estético con efectos psicológicos negativos. Ahora bien, ¿cómo
diferenciar una pérdida normal del cabello de una anormal que nos indique un
problema mayor?
Teniendo en cuenta que la vida media de cada uno de
nuestros cabellos es de entre 3 y 6 años y que cada folículo piloso puede
producir entre 20 y 30 cabellos, no hay que asustarse por lo que en realidad es
una pérdida "normal" de cabello. Cada día perdemos entre 30 y 100 pelos de
nuestras cabezas, inevitablemente al peinarnos, al ducharnos, o simplemente
porque la vida de ese cabello toca a su fin y debe ser sustituido por otro.
Sin embargo, si tu cabello cae con cierta frecuencia sobre tu ropa o los
encuentras de forma llamativa sobre tu almohada o en la bañera, algo "anormal"
está sucediendo.
GRASA. El exceso de grasa se produce por un desarreglo
de las glándulas sebáceas del cuero cabelludo, que produce más grasa de la
necesaria y la expulsa extendiéndose ésta por el cabello. Por ello lo que hay
que tratar no es tanto el pelo como el cuero cabelludo, evitando frotarlo en
exceso (eso lo estimula y produce mas grasa), el uso de productos químicos o de
secador, y cuidar la alimentación. Como en el caso de la alopecia, el estrés, la
contaminación, o los procesos hormonales (en este caso y con cierta frecuencia,
la pubertad), influyen en estos desarreglos. Conviene tratarlos desde dentro
(con la alimentación adecuada) y complementar el cuidado desde fuera, con los
productos adecuados para cada caso
CASPA. La caspa pueden sufrirla tanto las personas con
el cuero cabelludo seco como las que lo tiene graso. En el primer caso, la
descamación de la piel (eso es la caspa) se produce en forma escamas secas
sueltas que afloran por todo el pelo y caen molestamente a nuestro alrededor. En
el segundo caso, la escama queda atrapada en la grasa del pelo dándole un
aspecto aún más pastoso y sucio. El efecto de la caspa es antiestético y
desagradable para nosotros y para los demás, dando la sensación de que la
persona que la sufre tiene una falta de higiene o está enferma. Curiosamente, y
al contrario, una excesiva higiene, con un cuero cabelludo estimulado en exceso
por frotamientos, uso exagerado de productos para el cabello o malos aclarados,
pueden ser los causantes del problema.
La caspa es una descamación del cuero cabelludo que se
esparce por el pelo, produce picores y crea un efecto muy antiestético. Las
famosas escamas blancas que caen sobre los hombros y la ropa y que denuncian
nuestra triste situación en cualquier actividad que desarrollemos, pueden
convertirse en una auténtica pesadilla para quien las padece. Pero hoy en día no
hay motivo para soportar esta molestia, pues la caspa tiene fácil solución. Es
imprescindible usar un champú anticaspa y si el caso es grave, acudir al
dermatólogo para que nos dé un tratamiento médico de mayor calado.