
El Mar Menor es una laguna de agua salada situada en el sureste de la península
ibérica, al sur del continente europeo, en la Región de Murcia, en España. De
forma semicircular, esta separada del Mar Mediterráneo por una franja de arena
de 24 km. de longitud y entre 100 y 1.200 m. de anchura,
denominada la Manga del Mar Menor.
Hace veinte años los veraneantes tomaban el aperitivo
mientras se bañaban en el Mar Menor degustando berberechos que ellos mismos
sacaban de la arena con la ayuda de un rastrillo de juguete y unas gafas de
bucear. Los gambones rojos y mújoles de la encañizada tenían la reputación del
caviar iraní. Y los niños capturaban caballitos de mar para barnizarlos y
hacerse llaveros con ellos, pues los había a millares. Todo eso sucedió
antes de que medusas, puertos deportivos, aguas fecales y urbanizaciones los
aniquilasen.
Hoy, en la laguna murciana sólo quedan, oficialmente,
ocho caballitos de mar localizados y censados. Son los que han podido
encontrar hasta la fecha los voluntarios del Proyecto Hippocampus. La densidad
de su población es «extremadamente baja», lo que hace que la probabilidad de
encuentro de las parejas en época de reproducción sea poco menos que una
lotería. En España sólo viven dos de las
38 especies de caballitos de mar del mundo. Y no es fácil encontrarlas. Ambas
están a un tris de desaparecer. El caballito de mar está en el Libro Rojo
de los Vertebrados de la Región de Murcia como especie en peligro crítico.
El Mar Menor siempre ha sido un consomé, una inmensa palangana para alivio de
juanetes. Pero ahora es una sombra de lo que era. El año pasado se convirtió
en cementerio de tiburones despistados. Un misterio. Los curiosos les hacían
fotos con el móvil. Y cada verano, desde mediados de los años 90, es colonizado
por una plaga de 60 millones de medusas. Pero esto ya no es un misterio: la
culpa es de la agricultura de invernaderos, que ha convertido la laguna en un
sopicaldo nutritivo rico en nitratos que atrae al celentéreo por
millones.
Los signos de la agonía de este espacio único se
multiplican. Sus praderas submarinas se reducen a un ritmo de un cinco por
ciento anual. Y se está llenando de algas incontrolables, como la temida
Caulerpa. Y está rodeado de ladrillos. En los próximos cinco año se prevé
construir 200.000 nuevas viviendas y duplicar la población veraniega hasta
superar el millón de personas. Los ecologistas se quejan de que la depuración de
todas las aguas residuales que se vierten en él es una promesa incumplida. Y que
los 1.200 nuevos amarres para embarcaciones deportivas, que se sumarán a los
3.600 existentes, le darán el tiro de gracia. (Carlos Manuel Sánchez, El
Semanal, 12 agosto 2007)