El voyeurismo es un término de
connotación moral que describe la tendencia a observar la intimidad o el desnudo
de una persona, o de un grupo de personas, en condiciones particulares, buscando
el disfrute y/o una excitación sexual. La palabra voyeur deriva del verbo voir
(ver) con el sufijo -eur del idioma francés. Una traducción literal podría ser
“mirón” u "observador", con la connotación peyorativa del caso. A la tendencia
voyeurista responde la tendencia exhibicionista, disfrutar mostrándose, más o
menos abiertamente, semi o completamente desnudo.
La característica principal de las prácticas voyeuristas es la de que el voyeur,
también llamado mirón o brechero, no interactúa directamente con el sujeto, casi
siempre ajeno a esa observación. El voyeur suele observar la situación desde
lejos, bien mirando por una cerradura, por un resquicio, o utilizando medios
técnicos como un espejo, una cámara, etc.
Salvo que esté privado del sentido de
la vista, el ser humano es voyeur por naturaleza. Desengáñense, no podemos
remediarlo. Cualquier intento por mantener nuestra mirada alejada de aquello que
nos excita, es una batalla perdida, un infructuoso y disparatado ejercicio de
continencia. Queramos o no, los estímulos están ahí y están puestos para verlos
y regodearnos en ello. Recuerdo a uno de mis directores espirituales de la
infancia que nos cacheteaba sin compasión si mirábamos el culo de las señoras,
mientras que al muy caradura no se le escapaba viva ni una.
El voyeurismo es sin duda uno de los
componentes fundamentales de la erótica. Exagerando un poco, casi podríamos
afirmar que no es posible el desarrollo de una erótica sin imágenes.
Difícilmente podemos fantasear sin proyectar en la mente la imagen de nuestro
deseo, ya sea un cuerpo, un gesto, o un acto. Por eso llamamos «imaginar» a
dicha actividad e «imaginación» al producto resultante. Argumentaríamos desde
una perspectiva sicosocial, que el ejercicio de esta observación puede molestar
al objeto de nuestras miradas puesto que incurrimos en una grave intromisión en
su privacidad; pero en muchas ocasiones, es el mismo objeto quien vulnera
nuestra tranquilidad de espíritu con sus gestos, movimientos, formas o acciones.
Hay una relación dinámica inapelable entre el mironismo y las tendencias
exhibicionistas, ambas consustanciales con el mamífero que llevamos dentro.