
La renovación de las plantillas de las empresas españolas para optimizar
recursos y ahorrar costes lleva cada año a 50.000 personas a cambiar su estatus
laboral para convertirse en prejubilados. Una tendencia que deja a la deriva a
muchos españoles mayores de 50 años que, ante la imposibilidad de encontrar un
nuevo trabajo, se ven forzados a jubilarse.
Aunque algunos consideran que la prejubilación es
una liberación, para muchos otros supone una «condena perpetua» en la que ven
mermados sus ingresos económicos. «Ningún prejubilado está voluntariamente en
esta situación, han sido presionados, coaccionados y amenazados con la pérdida
de sus derechos tanto en lo económico como en lo social», sostiene el presidente
de la Federación Nacional de Asociaciones de prejubilados y pensionistas, Fermín
Figueres. Para este colectivo, la prejubilación es sinónimo de «despido»: «La
edad ordinaria para jubilarse son 65 años, todo el que lo hace antes se
encuentra ante una jubilación anticipada, algo que deciden las empresas. Éstas
te pagan hasta los 60 años el sueldo que pactes y luego, sólo puedes jubilarte,
una situación que se penaliza con entre el 6 y el 8 por ciento por cada año de
adelanto hasta los 65 años». «Perdemos hasta un 40 por ciento la pensión que
cobraríamos si hubiésemos trabajado hasta los 65 años, aunque hayamos cotizado
mucho más de 35 años, el período que la ley marca para acceder al 100 por cien
de la cotización».
Junto a la «injuria de las penalizaciones», Figueres
destaca el estado anímico en el que quedan los afectados. «Se dan situaciones
dramáticas de marginación, precariedad y abandono, pues se nos niega el derecho
al desarrollo profesional e intelectual en el ámbito laboral». Los cambios
sustanciales de ingresos económicos, el cese de la actividad laboral y los
cambios que ocasiona en la vida diaria provocan, según los expertos,
consecuencias psicológicas.
«Muchos se ven desbordados por la incertidumbre y se
plantean cuestiones como si tendrán dinero suficiente para mantener el mismo
ritmo de vida, si se aburrirán, se cuestionan su utilidad e incluso su identidad
al perder un rol definitorio tan importante», aprecia Mónica Torres Ruiz-Huerta,
psicóloga y experta en orientación en procesos de jubilación.
Por otra parte, el sociólogo Amando de Miguel
considera paradójico que, por un lado, cada vez se acceda más tarde al puesto
fijo de trabajo, que marca la personalidad profesional de uno y, por otro lado,
que cada vez se jubile antes al personal. «Es un derroche de talento. La
jubilación debería determinarla el grado de salud de la personas como sucede con
los deportistas. Con las prejubilaciones y las jubilaciones se fuerza el
sacrificio entre generaciones hasta un límite intolerable».
Afrontar la jubilación no es tarea fácil, asegura
Manuel Doblado, presidente de Jubiqué, la Asociación Independiente de
prejubilados y jubilados del sector financiero: «Hoy existen más de 50.000
personas prejubiladas en la banca por una decisión empresarial o política,
provocada en muchos casos por fuertes presiones y amenazas de pérdidas de
nuestros derechos». Todo ello acarrea consecuencias psicológicas, a veces muy
graves. «Hay compañeros con grandes crisis personales, a quienes les da
vergüenza salir de casa a las once de la mañana y encontrarse con un vecino,
socialmente se sienten menospreciados. Existen matrimonios que han entrado en
crisis por esta causa y los psiquiátricos están llenos de prejubilados que no
han podido adaptarse al cambio».
«No están reconocido ni como
trabajadores activos ni como parados», y tienen unos problemas específicos que
«no son contemplados» desde instancias políticas, económicas o sociales, y
apenas desde las sindicales.
Sandalio Gómez, autor del informe «Las prejubilaciones y su impacto en la
persona, en la empresa y en el sistema de pensiones» asegura que la longevidad
ha aumentado en los últimos años de forma considerable y en este sentido plantea
«¿quién debe reconsiderar cuál es la edad en la que una persona es mayor para
trabajar?». «Las prejubilaciones se traducen en un desperdicio de personas con
larga experiencia y talento, y un gran compromiso laboral». (Marta Borcha)