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21 - Qué hacer ante una picadura de medusa

     Las medusas que habitan en el Mediterráneo “sólo provocan lesiones en la piel". La lesión que provoca la picadura de medusa en la piel puede ser “leve o llegar a provocar úlceras profundas que tardan mucho tiempo en cicatrizar. En algunos sujetos puede provocar una reacción alérgica grave”.

     La persona que vaya a tratar una picadura de medusa tendrá que protegerse con guantes, y la zona afectada no se debe limpiar con agua fresca, ya que eso “favorecerá la liberación de más toxinas. Se debe lavar con suero fisiológico o en todo caso no limpiarla o utilizar agua de mar en caso de extrema necesidad”.

     El tratamiento inicial consiste en LAVAR, INACTIVAR Y REMOVER los nematocistos. Luego de esto manejar el dolor y la reacción inflamatoria local. En caso de reacción anafiláctica con compromiso sistémico, su tratamiento es prioritario y se realiza de la forma convencional. Se debe lavar inmediatamente la herida con suero fisiológico para prevenir la descarga del veneno de los nematocistos.

     Para evitar la continua descarga de nematocistos, éstos deben ser removidos manualmente con guantes y con mucha precaución. Después de la remoción y una vez seca la zona debe manejarse el dolor y la reacción local. Se pueden utilizar anestésicos tópicos, antinflamatorios y antihistamínicos. El uso de compresas frías se recomienda pues alivia el dolor dentro de las primeras horas. Es recomendable el reposo e inmovilización de la zona afectada pero no vendarla.

     El uso de agua del mar para limpiar la herida no es recomendable por la posibilidad de arrastrar bacterias y así aumentar el riesgo de infección. La descarga de los nematocistos puede aumentar por lavar la herida con agua potable o alcohol, por aplicar hielo de manera directa, por aplicar arena o rascar la zona, por lavar con agua caliente.

     Las medusas son animales marinos, correspondientes al género cnidarios (Cnida = ortiga, en griego), habitualmente de alta mar, de aspecto característico, y que en determinadas condiciones, como la época del año, la temperatura del agua o las mareas, son arrastradas hacia las costas. Los cnidarios se clasifican en: hidrozoos (hidroides), escifozoos (verdaderas medusas), cubozoos (cubomedusas, la más tóxica), antozoos (anémonas y corales). Su tamaño puede oscilar entre pocos centímetros y más de un metro. Su aspecto ligero y casi transparente las hace parecer inofensivas, lo que no se corresponde con la realidad. Disponen de nematocistos, una especie de cápsulas con veneno y dotadas de un arpón o resorte que con cambios de presión (al contacto con una superficie como puede ser la piel humana) o de osmolaridad (si se las pasa de agua salada a dulce), se abren y el arpón se proyecta, inoculando el veneno.

     La estimulación mecánica y química de las barbas que rodean al nematocisto permite la salida de él, penetrando hasta una profundidad de 0,9 mm, depositando así su toxina en la microvasculatura de la dermis. En una sola picadura de medusa se descargan miles de nematocistos, lo que explica su gran efecto.

     El veneno de las medusas es termolábil, no dializable, y se degrada por agentes proteolíticos. Actúa directamente sobre los canales de calcio y sodio, provocando así una cascada de liberación de mediadores inflamatorios. La toxina puede contener catecolaminas, aminas vasoactivas (histamina, serotoninas) bradicininas, colagenasas, hialuronidasas, proteasas, fosfolipasas, fibrinolisinas, dermatoneurotoxinas, cardiotoxinas, miotoxinas, nefrotoxinas, neurotoxinas y antígenos proteicos.

     La gravedad de la agresión provocada estará determinada por la salud y edad del paciente, el peso y cantidad de toxina inoculada, la superficie expuesta a la picadura, el grosor de la piel en áreas expuestas (mayor resistencia en palmas y pies), sitio de picadura (si está cerca de cabeza y dorso la absorción del veneno a la circulación central es más rápida), especie, potencia del veneno y número de nematocistos descargados.

     Existen ciclos estacionales marcados, con un aumento de la población de medusas en primavera y verano. Este aumento estaría explicado por el cambio en el microambiente acuático, aumentando la temperatura del agua y favoreciendo la distribución y abundancia de los organismos fitoplanctónicos y zooplanctónicos. Ciertas especies de medusas, aumentan más de un un 300% o 500% al llegar el verano, proceso explicado básicamente por la elevación de las temperaturas oceánicas.

     Las exposiciones tóxicas se producen con mayor frecuencia por contacto accidental durante un baño de mar; Estos incidentes también pueden ocurrir con medusas ya muertas o con restos de ellas. Pueden quedar varadas sobre la playa y producir sintomatología al ser pisadas o tocadas con las manos. Los tentáculos destruidos, encontrados en la orilla de la playa constituyen un peligro, porque aún son capaces de envenenar por varias semanas.

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