El día que cobraron los gabachos...
El 19 de julio de 1808, a un ejército francés de 20.000 fulanos que se
retiraba desde Andújar hacia Despeñaperros lo hizo polvo, en
Bailén, una fuerza de tropas regulares y paisanos españoles... aquél fue el
primer desastre napoleónico en Europa, y también la primera vez que un
ejército imperial capituló por la patilla...
...lo de Bailén fue un puntazo. Y oigan. Si hay quien
jalea goles del Madrid, o del Barça, por qué no aplaudir la goleada aquella
...Nadie le había dado nunca una somanta como ésa a los dueños de Europa. Y se
la dimos. O se la dieron los que hace ahora ciento noventa y nueve años
aguantaron toda una mañana, frente al pueblecito de Bailén, las acometidas del
ejército gabacho del Petit Cabrón. Aunque luego nuestra fanfarria patriotera
le echara demasiados adornos al asunto, lo cierto es que aquello no fue un
prodigio de competencia militar, ni por parte franchute ni por la nuestra.
Hubo coraje y sacrificio por ambos bandos, con cuarenta grados a la sombra y
sin una gota de agua que llevarse al buche. Pero también hubo errores,
confusiones, desaciertos e improvisaciones. Incluso la fase principal de la
batalla, la defensa del pueblo y los cerros cercanos por parte de las dos
divisiones del general Reding, se debió a que éste incumplió órdenes y
estaba donde no debía estar.
Pero hubo suerte. Y huevos. La tarde
del 18 de julio, con el general Castaños detrás, llegaron a Bailén los
franceses, que entre otras glorias llevaban el botín obtenido en el saqueo de
Córdoba. Allí encontraron el paso hacia Despeñaperros y Madrid cortado por
18.000 cenutrios que les tenían muchas ganas. A las 8 de la mañana, después de
tres horas de sacudirse estopa, los españoles sostenían sus posiciones pese a
varios reveses parciales y a las cargas de dragones y coraceros enemigos, que
los acuchillaban y obligaban a defenderse a tiros y bayonetazos, en campo raso
y sin refugio donde guarecerse. Dos horas después, bajo un sol abrasador,
enloquecidos de sed, los franceses habían atacado ya con todas sus tropas, sin
lograr abrirse camino. Y a las 12 del mediodía, un último ataque masivo
gabacho, encabezado por tres mil trescientos marinos de la Guardia Imperial,
llegó hasta los cañones españoles, y allí se quedó. Siete años antes de
Waterloo –«¡La Garde recule!»– la Guardia se comió, en Bailén, un marrón como
el sombrero de un picador... (Extraído de EL SEMANAL, Arturo
Pérez Reverte, 15julio07)